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  25 de Septiembre de 2017

Publicado por daniel 27-6-2017

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¿QUÉ ONDA CON EL ALCOHOL?

Cómo saber si el alcohol de las fiestas está dañando tu cerebro
Jamie Smolen

FUENTE: UNIVISIÓN/Noticias/Alcoholismo

ESTADOS UNIDOS

Para muchos, las fiestas son de hecho el tiempo más maravilloso. Familia y amigos se reúnen y disfrutan de comidas, buena vibra y, con frecuencia, alcohol.

 

Hablando comercialmente, el alcohol y las fiestas parecen haber sido hechos uno para el otro.

 

El alcohol puede ser una vía fácil y rápida para entrar en el espíritu de celebración. Y además, se siente bien. Luego de dos copas de vino, el cerebro se activa a través de complejos procesos neurobioquÍmicos que de manera natural liberan dopamina, un neurotransmisor de gran importancia.

 

Cuando la molécula de dopamina encaja en su receptor localizado en la superficie de una neurona, o la célula cerebral básica, se produce un “timbrazo”. Con frecuencia se le desea con anticipación antes de que la segunda copa esté vacía.

Hay, sin embargo, quienes beben más allá del timbrazo hasta la intoxicación y, con frecuencia, hasta meterse en problemas. Para estas personas, el cerebro comienza liberando la misma agradable dopamina, sin ninguna diferencia de lo que pasa con los bebedores casuales, pero no se detienen ahí y esto puede resultar en una compulsión y continúan bebiendo en exceso.

 

Debido a que he estudiado el trastorno en el uso del alcohol durante más de 15 años y que he tratado miles de pacientes que lo padecen, pienso que esto es un problema de salud pública mayor, pero con mucha frecuencia es poco comprendido. Nuestra cultura parece haberse desplazado más allá del punto de etiquetar a los adictos a los opioides como “débiles” y espero que podamos hacer lo mismo con quienes padecen el trastorno de uso del alcohol, que está mucho más extendido de lo que la gente puede apreciar. La bebida en exceso es responsable de 1 de cada 10 muertes entre los adultos en edad de trabajar en Estados Unidos.

 

Ir más allá de los juicios de valor

Aunque el consumo de alcohol puede sentirse como si ayudara a liberar estrés, el abuso de este contribuye con 88,000 muertes en Estados Unidos cada año. Esto es más del doble del número de personas que murieron por sobredosis de heroína y opioides de prescripción, otra crisis mayor de salud pública en 2014.

Además en 2015 más de 66.7 millones de estadounidenses reportaron haber bebido en exceso el mes anterior, según el más reciente informe sobre adicciones de las autoridades sanitarias.

 

Las consecuencias para los individuos y las familias son impactantes: afectan la salud mental y física, se produce un incremento de la propagación de enfermedades infecciosas, se reduce la calidad de vida, se incrementan los accidentes de vehículos a motor y la negligencia hacia los niños, por mencionar unas pocas.

 

Estudios científicos del cerebro han ayudado a explicar el consumo excesivo de alcohol, aunque sea difícil de entender para familiares y amigos. Este se define como el consumo de cinco bebidas en los hombres y cuatro en mujeres en una misma ocasión al menos un día en los últimos 30 días.

 

Beber en exceso es una condición médica. Esta sucede no por culpa del individuo, que es víctima de una disfunción comparativa de los circuitos de placer del cerebro, causando que el bebedor quiera más y más alcohol. El cerebro de los bebedores en exceso tiene una enfermedad, reconocida por la Asociación Médica de Estados Unidos desde los años 50, y aun así los bebedores en exceso son con frecuencia vilipendiados.

 

Normalmente, los estadounidenses quieren saber y están dispuestos a hacer algunos cambios en su estilo de vida debido al miedo y al sentido común, cuando se trata de padecimientos como problemas del corazón, obesidad y cáncer. Como sociedad, no estamos cerca del mismo punto acerca de los trastornos por abuso de sustancias, pero los investigadores están tratando desesperadamente de lograr la misma disposición para prevenir y tratar estos trastornos de uso de sustancias.

La ciencia entiende suficientemente bien la causa para explicarlo y tratarlo y de este modo poder salvar vidas y reparar las devastadoras consecuencias a los millones que sufren esta condición, sus familiares y comunidades. Esto se ha convertido en asunto urgente de importancia nacional para científicos y profesionales de la medicina.

 

Las tres etapas de la adicción

El proceso de adicción al alcohol implica un ciclo de tres etapas: Abuso-Intoxicación, Abstinencia-Afección negativa, y Preocupación-Anticipación.

 

El proceso comienza en las neuronas, el tipo básico de célula cerebral. El cerebro tiene un estimado de 86 mil millones de neuronas, que se comunican a través de mensajeros químicos llamados neurotransmisores.

Las neuronas pueden organizarse en grupos y formar redes o circuitos con el fin de realizar funciones específicas como pensar, aprender, tener emociones y memoria.

 

El ciclo de adicción interrumpe el normal funcionamiento de algunas de estas redes en tres áreas del cerebro: los ganglios basales, la amígdala extendida y la corteza prefrontal.

 

Las interrupciones producen varias cosas que contribuyen a continuar bebiendo. Permiten actuar a los disparadores (señales) del alcohol o asociados con la bebida, por lo que llevan al sujeto a buscar alcohol. También reducen la sensibilidad de los sistemas cerebrales, causando una experiencia reducida de placer o recompensa, y aumentando la activación de los sistemas cerebrales de estrés. Por último, reducen las funciones de los sistemas de control ejecutivo del cerebro, que es la parte del cerebro que normalmente ayuda a tomar decisiones y a regular las acciones personales, las emociones e impulsos.

 

Estas redes son críticas para la sobrevivencia humana. Desafortunadamente para el bebedor en exceso, estas se ven “secuestradas” y la borrachera continúa incluso después de que los efectos dañinos han comenzado.

 

Debido a que el cerebro de los bebedores en exceso siente un intenso placer provocado por el alcohol, tienen un poderoso motivo para beber en exceso una y otra vez. Lo que puede comenzar como un exceso de bebida en situaciones sociales como fiestas recreativas, puede causar cambios neuroadaptativos en la estructura y funciones del cerebro. El cerebro ya no es suficientemente apto para trabajar con normalidad. Se está enfermando. Ir de fiestas continuamente puede desarrollarse hacia un patrón diario crónico e incontrolable de uso de alcohol. Estos cambios neurológicos inadecuados pueden mantenerse mucho después de haber dejado de beber alcohol.

 

Tu cerebro con alcohol

Durante la etapa de Exceso-Intoxicación, una parte del cerebro, llamada los ganglios basales, recompensa al bebedor con sensaciones de placer, liberando dopamina, el neurotransmisor responsable por los efectos gratificantes del alcohol y creando un deseo por más.

 

Con el exceso continuado, el “circuito del hábito” se activa continuamente en otra parte de los ganglios basales llamada el estriado dorsal. Este contribuye con la búsqueda compulsiva de más alcohol. Esto explica el deseo intenso (compulsión), el cual se dispara mientras el bebedor en exceso está, por ejemplo, manejando y pasa por su bar favorito y no puede resistirse de bajar, incluso aunque haya hecho la promesa de ir directo de la casa al trabajo.

 

Durante la etapa de Abstinencia-Afección negativa, hay un periodo de parar de beber. Pero debido a que el circuito de satisfacción ahora posee una habilidad debilitada para liberar dopamina de gratificación, se experimenta mucho menos placer con experiencias naturales (seguras) – como la comida o el sexo – en comparación con el alcohol.

 

Durante la abstinencia de alcohol, los neurotransmisores de estrés, como el factor liberador de corticotropina (FRC por sus siglas en inglés) y la dinorfina son liberados.

 

Estos poderosos neuroquímicos causan estados emocionales negativos asociados a la abstinencia de alcohol. Esto lleva al bebedor de vuelta al alcohol con el fin de obtener alivio y de intentar restablecer la gratificación de la intoxicación.

 

Luego de un periodo de abstinencia de alcohol, que puede durar solo unas horas, el bebedor entra en la etapa de Preocupación-Anticipación. Esto involucra a la corteza prefrontal, donde se toman las decisiones ejecutivas sobre ignorar o no la fuerte necesidad de beber. Esta parte del cerebro funciona con un “Sistema de luz verde” y un “Sistema de luz roja”.

 

Cuando el circuito de luz verde estimula el sistema de respuesta de hábito del estriado dorsal, el bebedor se vuelve impulsivo con una compulsión y busca un trago, quizás incluso subconscientemente. El sistema de luz roja puede inhibir la actividad del sistema de luz verde y es importante especialmente previniendo recaídas luego de que se disparara la luz verde tras un día de eventos estresantes.

 

Estudios de imágenes del cerebro muestran que beber en exceso puede interferir en el funcionamiento tanto del sistema de luz verde como del de luz roja. Esto obstaculiza la toma de decisiones adecuadas y la inhibición en el comportamiento. El bebedor es tanto impulsivo como compulsivo.

 

Todas las enfermedades pueden ser tratadas

Hay buenas noticias, ya que la evidencia científica muestra que el trastorno puede ser tratado.

 

La FDA ha aprobado tres medicinas para el tratamiento que deben ser ofrecidas cuando el caso sea apropiado. Existe evidencia científica bien sustentada de que la terapia de comportamiento puede ser un tratamiento efectivo. Esto incluye los servicios de apoyo a la recuperación, como Alcohólicos Anónimos.

 

Más importante aún, la necesidad de saber que el trastorno de uso de alcohol es un trastorno cerebral que causa una enfermedad crónica. Esto no es diferente de la diabetes, el asma o la hipertensión. Cuando se provee un cuidado completo y continuado, los resultados de recuperación mejoran, y el bebedor en exceso tiene la esperanza de mantenerse sobrio siempre y cuando el tratamiento de por vida y el mantenimiento de la sobriedad se vuelvan un estilo de vida al cual consagrarse.




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